placer moto en playa

LOS PLACERES OLVIDADOS

Se me madreo el carro… y tu dirás, ¡a mi que chingados me importa! para empezar esto es un blog de motos ¿no? pueees si, a eso vamos. Que fácil es dejar, los placeres olvidados de rodar en moto y viajar… aunque sea por el pan.

Resulta que se reventó el radiador del carro de la domadora, y lo que en un principio fue una mentada de madre, rápidamente se convirtió en un sueño.

De pronto, ya no me podían «mandar» a recadear en el carro, ni recoger a los niños a la escuela, ni nada, !TODO EN LA MOTO!. Y a comprar, y arreglar, y conseguir, y… para absolutamente todo, me (y nos) movi (mos) sobre la poderosa maquina, y vaya que ya extrañaba el ir y venir sobre dos ruedas, brincandome cada embotellamiento y sin gastar tanta gas. Ya tenia rato que no se me entumían las nalgas, por la motocicleta.

manillar de moto en carretera

A veces lo olvidamos

Todo esto me llevo a recapacitar en como a veces la vida no, la rutina, nos consume hasta dejar solo el envase. Y teniendo, generalmente, a la mano la solución al hastío, no somos capaces de levantar el culo y hacer algo para cambiar la situación. Tiene que venir la vida, esa cabrona de la que tanto renegamos, a sacudirnos la cabeza, para que despertemos a la realidad y darnos cuenta, que el tiempo se nos va, y no hacemos lo que nos gusta tanto.

Me recuerda a mi niñez, ¡cuanto añoraba ir a la playa! al grado de, a pesar de ser un niño flacucho y enfermizo, con tan solo llegar al mar me aliviaba, «como por arte de magia» y al entrar al agua no había poder que me sacara. Sin dudar mi mayor sueño era vivir en la playa. Hoy vivo a diez minutos de la playa, y voy cada dos meses… cuando bien me va.

Otro caso como para tirarse de un puente, fue con un conocido mio. Tenia una preciosa Harley Davidson Road King en brillosisimo color negro e incandescentes cromos, una chulada. Pero un día que fui a su taller, me encontré con los empleados lavando la moto, con especial atención a la parte entre los cilindros. Resulta que la Harley tenia tanto tiempo con su funda, que se le anidaron las ratas en el interior, ¡blasfemia! y el olor a orina de roedor no se aguantaba.

Recordar los placeres olvidados

A pero ahora no hay quien me pare, en cuanto se descuiden agarro mi mochila, la amarro al asiento, y mi motocicleta y yo nos daremos una excursión que ni el mismo Miquel Silvestre me alcanza, bueeeno, exagere «un poquito» pero de que me escapo, ¡me escapo!  Te animo a hacer lo mismo y no dejes que los años te manden al asilo sin haber vivido lo suficiente, mínimo montar tu moto para la chamba, ¿o se te ensucia tu trajecito? mas te vale dejarte de babosadas y salir a que te de el sol, rueda, gira, ¡grita! y saca todo lo malo que traes adentro «elige una ruta, no una rutina».

Ahora lo único malo es que me quieren meter presión… y ya no quiero arreglar el carro.

El Flamas

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